domingo, 1 de noviembre de 2015

Casa rural en Galicia: Una habitación de cuento.


Hace unos años mientras navegaba por internet me encontré con las fotos de una casa rural en Galicia que me llamaron mucho la atención. Tanto, que me guardé el enlace a su página web en favoritos y me dije: “Tengo que ir allí algún día”.

El año pasado nos propusimos ir con motivo de mi cumpleaños, pero cuando llamé para hacer la reserva ya no había disponibilidad, asi que mi gozo en un pozo

Al fin este verano, Carlos, mi marido decidió darme una de las mejores sorpresas con motivo de nuestro aniversario y llevarme allí. Yo ni me enteré del destino hasta casi llegar a la puerta. Sabía que íbamos a Galicia, pero no a esta casa. No me ví la cara pero seguro que se parecía mucho a mi cara de niña los días de reyes. 

El lugar en cuestión que me enamoró es una casa rural llamada “Casa Dos Noche”, cuidada hasta el más mínimo detalle que se encuentra en un pueblo gallego llamado Coirós, a unos 15-20 minutos de La Coruña y a unos 3km de Betanzos.

Tienen una casa más pequeña y una grande, que cuenta con varias habitaciones y en la que nosotros pasamos la noche, concretamente en la habitación “Eume”. En la planta baja de la casa grande, cuentan con un gran salón comedor donde siempre suena música ambiental muy acorde con el entorno en el que nos encontramos (nada de heavy o rock), una radio antigua, dos mecedoras al lado de la chimenea, una luz tenue... Me apetecería encerrarme aquí para pasar el invierno.

Nuestra habitación era enorme, con paredes recubiertas por papel pintado, contraventanas y suelos de madera, una gran cama central, cubierta de edredón y cojines blancos y acolchados, dos mesitas a ambos lados, y una mesa con dos sillitas super bonitas en una esquina, donde desayunaríamos la mañana siguiente.
Además, tenía dos baños; uno con una ducha además de lo propio, y el otro que se convirtió en mi debilidad con una gran bañera de hidromasaje. 




El único inconveniente es que no hay tiendas en las proximidades donde comprar ni siquiera una botella de agua si te entra la sed a mitad de noche. Por suerte, el personal era un encanto y estaba disponible en todo momento, y hasta en dos ocasiones, nos acercó una botella de agua a la habitación.
 
Si ya no tenía ganas de irme, el desayuno que nos trajeron a la habitación a la mañana siguiente acabó por convencerme y alargó el cuento por unos minutos más antes de que tuviéramos que coger las maletas de vuelta a casa. 


Estas últimas fotos las hicimos de vuelta, en la playa de Santa Cruz. Merece la pena, sin duda.






1 comentario:

  1. ¡Qué sitio más bonito! ¡Y menudo desayuno! Así da gusto despertarse :)
    Besos.

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