martes, 27 de octubre de 2015

Elegir destino: Cambiar de aires



Vivimos demasiado deprisa el día a día. Tenemos la cabeza en mil asuntos a la vez y sin saber cómo cuando nos damos cuenta ha pasado una semana, y dos, y tres… y así sucesivamente.

A día de hoy, tengo un trabajo de 8 a 3 todos los días. Al llegar a casa, siempre tengo cursos que hacer, trabajos, sesiones que preparar… y un fin de semana al mes ni siquiera piso mi casa por trabajo, así que valoro mucho el tiempo que tengo libre. Muchísimo.

Una de las cosas que más ilusión me hace es regalarnos (mi pareja y yo la mayoría de veces), de vez en cuando una escapada a algún sitio lejos de nuestra casa, para coger fuerzas, pasar más tiempo juntos y conocer otros lugares que no tienen por qué estar especialmente lejos. Digamos que son una especie de “mini vacaciones” y las organizo con el mismo mimo que las vacaciones de verano, aunque sólo nos vayamos un par de días.

No me ciño a ninguna circunstancia en concreto. Simplemente hay momentos que se mete entre ceja y ceja alguna ciudad, alguna imagen que he visto, alguna casita donde me gustaría quedarme…

Si la idea es de fin de semana, cosa que suele ocurrir como celebración de algún cumpleaños, aniversario… la mejor opción siempre es el coche. A mi no me da ninguna pereza conducir y menos por este motivo, asi que busco una opción cercana. Si coincide con fechas que dan oportunidad de aprovechar un poco más los días, como festivos en navidad o semana santa, me atrevo a ir un paso más allá y mirar si hay alguna oferta que merezca la pena para coger el avión o alargar un poco más las horas al volante.

Una vez elegido el destino, toca buscar el alojamiento y este punto es uno de mis favoritos. A la hora de elegir esto tengo varias cosas claras:

  • Si lo que me interesa es conocer el sitio, como suele ocurrir cuando visito alguna capital europea que probablemente no vuelva a pisar, la estética del alojamiento pasa a un segundo plano y mis preferencias son que sea cómodo, más económico y situación clave.
  • Si se trata de una ocasión especial, el dinero pasa un poco a un segundo plano (dentro de mis posibilidades, claro) y simplemente lo que busco es ver una foto y enamorarme de esa habitación o de esas vistas. Y esto, os lo aseguro, ya me ha pasado en más de una ocasión, y de alguno de estos lugares espero hablar más detalladamente. 


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